Ciencia y tecnologia

«El pepino de mar se puede terminar»: alertan por la sobrexplotación pesquera de esta especie en México

Tomado de: Telemundo

PROGRESO, Yucatán.— Ricardo Domínguez Cano miraba el azul intenso del mar yucateco y señalaba cosas que solo él podía ver. Como si se tratara de un explorador intrépido, su dedo dibujaba franjas, sectores y zonas en las que la exuberante fauna oceánica se mueve y se reproduce, como si fueran las calles y avenidas de una gran ciudad de colores oscuros.
«Nacimos en la costa de Progreso, por eso estamos acostumbrados a la abundancia de los recursos. El pepino de mar no era algo especial, hasta que los precios empezaron a subir mucho», explica el pescador de 47 años en una entrevista con Noticias Telemundo.
En esta zona costera del sureste de México, la pesca de especies como el pargo, mero, pulpos y langostas es una actividad tradicional que solía transmitirse de padres a hijos. En el caso de la familia Domínguez ya son tres generaciones dedicadas a la pesca.
Para David Domínguez Cano, hermano de Ricardo y buzo de profesión, es fácil advertir la locura por el pepino de mar cuando se ven las cifras: al principio, en el año 2000, solo dos o tres lanchas se dedicaban a pescar esa especie marina con los permisos oficiales de fomento.
En 2006, 42 embarcaciones extraían unas 154 toneladas y, para 2013, se emitieron los permisos de pesca comercial con lo que más de 550 lanchas elevaron la explotación a niveles exorbitantes: 2,486 toneladas, según cifras oficiales.
«Trabajabas en una zona por meses, pero cuando se incrementaron las lanchas solo podías trabajar dos días y se acababa. Ese es el problema porque mucha gente empezó a pescar», explica Domínguez, el buzo.
Al igual que sucede con otras especies en peligro, como la totoaba en México, la principal razón de la pesca indiscriminada del pepino radica en un factor económico. Los ejemplares de mayor tamaño y mejor procesados se cotizan a precios elevados en el mercado asiático: un kilo puede costar de 600 a 3,500 dólares, o más, en Hong Kong y otras ciudades en China.
Debido a la intensa sobrepesca, las poblaciones de este animal declinaron tanto en Yucatán que se decretó su veda permanente desde 2013. Y aún no se recupera el número necesario de ejemplares como para permitir las actividades pesqueras.
«No les importa que se acaben las especies»
RICARDO DOMÍNGUEZ PESCADOR
«Vinieron muchas personas de otros estados y se establecieron en Yucatán por el pepino. Y continuaron pescando aunque estuviera la veda (…) no les importa que se acaben las especies marinas. El pepino de mar se puede terminar», dijo Ricardo Domínguez con tristeza en la voz.
El apetito chino

Los pepinos de mar son unos animales invertebrados que viven en diversos sustratos del fondo marino como rocas, corales muertos, algas, pastos marinos o sedimentos. Su forma alargada y gruesa hace que a simple vista sean comparados con el vegetal que les da su nombre, pero también son conocidos como holoturias y cohombros.
De tacto suave y baboso, con algunas espículas dependiendo de la variedad, realizan importantes servicios ambientales porque eliminan el exceso de materia orgánica, reciclan, remineralizan y oxigenan los fondos marinos.
«Es como el limpiador del fondo del mar, se come todos los detritus orgánicos que están en la arena y la deja limpia. Eso permite que coexistan diversas especies, sin pepino de mar cambia el fondo oceánico y se ve amenazada la abundancia de la fauna», explica Cuauhtémoc Ruiz Pineda, investigador del Instituto Nacional de Pesca (Inapesca) que se encarga del monitoreo constante de estos animales.
Los pepinos de mar se caracterizan por su escasa movilidad y forman «parches» con grandes números de ejemplares que, en condiciones normales, se pueden recolectar de manera fácil, lo que hace que su pesca sea sencilla en las zonas donde todavía abundan.
«Aunque no ha desaparecido, sí ha disminuido mucho su población y eso afecta a la pesca porque no podemos levantar la veda», asevera Ruiz Pineda.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), ha estimado que más de 215,000 toneladas de pepinos de mar se pescaron entre 2013 y 2017 a nivel global. De esa cifra, alrededor de 7,800 toneladas se capturaron en México.
A pesar de la veda, la FAO detectó que en 2020 se pescaron casi 1,600 toneladas de pepino de mar en México. Según datos oficiales, en Yucatán hay una población de 16,274 pescadores y 3,974 embarcaciones activas, sin embargo, se calcula que el número de personas que no respeta las restricciones de especies protegidas como el pepino de mar podría ser mucho mayor.
En el comercio de los pepinos de mar, el principal producto es su pared corporal seca y el resto del animal, como sus vísceras o gónadas, es desechado. Esa parte es conocida como ‘bêche-de-mer’, ‘trepang’ o ‘haishen’ y solo representa una pequeña fracción de su peso vivo, por lo que el pepino es sometido a diversos procesos para secarlo.
«El pepino de mar empezó a tomar relevancia conforme empezaron a disminuir otros recursos (…) entonces vinieron empresarios chinos que fomentaron el interés de los pescadores locales para extraerlo cuando vieron el gran valor que tiene», explica Alicia Virginia Poot Salazar, bióloga y representante del Inapesca en Yucatán.
Una vez seca, la pared corporal de los ejemplares se reconstituye con un hervido de cocción lenta y se consume en platillos con salsas o en sopas. En la medicina tradicional asiática de países como China se cree que ayuda a tratar los síntomas de enfermedades como como la artritis y que tiene propiedades afrodisiacas.
Los carteles también pescan

Según datos del Gobierno mexicano el 100% de la pesca se exporta, principalmente al mercado asiático (Hong Kong, y otras ciudades chinas) y Estados Unidos ocupa el segundo lugar.
El Center for Biological Diversity ha denunciado que la importación de pepino de mar a territorio estadounidense ha aumentado hasta 36 veces en la última década, por lo que ha solicitado que se le proteja bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción.
En Baja California y la Península de Yucatán, la pesca ilegal ha sido un problema constante que ha ocasionado enmiendas al código penal para ampliar la capacidad de las agencias reguladoras y la policía para tomar medidas enérgicas contra el contrabando.
«No hay nadie que regule o frene a los que se dedican a la pesca furtiva, por eso sacan pepinos (…) Desgraciadamente la gente por adquirir ese recurso cae en esas ilegalidades, ese es el fenómeno real, eso es lo que pasa», explica Ricardo Domínguez.
Organizaciones como Environmental Defense Fund han desarrollado investigaciones que muestran que la pesca ilegal ha llegado a superar la producción oficial nacional en porcentajes que van desde un 45 hasta un 90%.
En marzo, una investigación académica reveló que, entre 2011 y 2021, las autoridades mexicanas y estadounidenses incautaron más de 100.6 toneladas métricas de pepinos de mar, con un valor estimado de 29.5 millones de dólares, una cifra que solo representa las actividades ilícitas que fueron detectadas por las autoridades y los medios de comunicación.
«La pesca ilegal socava los esfuerzos de conservación, destruye las poblaciones de vida silvestre y los ecosistemas, perjudica a los pescadores legales, roba dólares de los gobiernos, socava la buena gobernanza y el orden social, e impulsa el crimen organizado», dijo Teale N. Phelps Bondaroff, autor principal de la investigación, en una entrevista reciente.
[“Se va a degradar toda nuestra selva”: ambientalistas y líderes indígenas denuncian la devastación del Tren Maya]
El estudio abarca más de una década de cobertura mediática de los delitos vinculados al contrabando y pesca furtiva del pepino de mar en México, y analiza 97 incidentes que produjeron 125 detenciones, con un promedio de 1,037 kilos de pepinos de mar que fueron incautados en cada detención.
Los investigadores también especifican que las especies más traficadas son Isostichopus fuscus (29 incidentes), seguida de Isostichopus badionotus (12 decomisos), Holothuria floridana (6 incidentes) y Holothuria mexicana (3 decomisos).
«En Yucatán, la pesquería de pepino de mar colapsó y ahora está vedada, pero el exceso de capacidad de pesca y mano de obra facilitada por las inversiones de los compradores ilegales permanece en muchas de las comunidades, creando problemas para otras especies», advierte Abigail Bennett, profesora de la Universidad Estatal de Michigan y coautora de la investigación.
El documento detalla una serie de prácticas ilegales que fomentan el tráfico de la especie como la identificación falsa, etiquetados incorrectos, declaraciones forjadas, la manipulación de facturas y el fraude como medio para lavar las capturas ilícitas.
Aunque el Gobierno mexicano ha implementado diversas medidas como restricciones de temporadas, cuotas, vedas y monitoreos, la investigación afirma que las autoridades no pueden controlar el intenso tráfico de la especie y documenta los esquemas de corrupción de las autoridades locales y el uso de instalaciones clandestinas para procesar los pepinos.
Académicos como Vanda Felbab-Brown, del Instituto Brookings, han denunciado cómo los grupos del crimen organizado se han infiltrado en las pesquerías de México.
«Diría que uno de los hallazgos más importantes de mi investigación es que no solo se trata de la presencia de narcos del Cartel de Sinaloa y del Cartel Jalisco Nueva Generación en la pesca ilegal sino que también buscan apoderarse del negocio legal y de todas las etapas de producción y comercialización para establecer un monopolio», advierte Felbab-Brown, en una conversación con Noticias Telemundo.
En su investigación titulada China-Linked Wildlife Poaching and Trafficking in Mexico, publicada este año, la académica trata en detalle el tema del pepino de mar en Yucatán y afirma que, debido al declive de las poblaciones de esa especie, la caza furtiva solo produce una pequeña cosecha que los grupos del crimen organizado le compran a los pescadores locales para vendérsela a los intermediarios chinos.
Otro de los modus operandi implementados por los carteles en Yucatán es el asalto nocturno.
«Te apuntan con pistolas para quitarte todo»
JUAN PESCADOR DE PROGRESO
«De repente aparecen unas lanchas raras que hacen como que pescan durante el día, cerca de donde estamos, y en la noche aprovechan para acercarse y te apuntan con pistolas para quitarte todo el producto que sacaste. Te lo quitan todo, a veces hasta los motores y tus papeles para saber dónde vives y que así no denunciemos», dice con miedo Juan, un veterano pescador yucateco que pidió mantener su anonimato por temor a las represalias.
[“Nos estamos muriendo de sed”: el pueblo mexicano de los Cucapá lucha contra el cambio climático y el olvido]
El tráfico hacia EE.UU.

Con frecuencia, las autoridades estadounidenses detienen a personas relacionadas con el contrabando de los pepinos de mar como fue el caso de Claudia Castillo, ciudadana mexicana que fue sentenciada a ocho meses de prisión y se le ordenó pagar 12,000 dólares en restitución al Gobierno mexicano por el contrabando de pepinos de mar desde México hasta San Ysidro, California, en 2018 y 2019.
John Jaimes Torres, residente de Tijuana, fue sentenciado a seis meses de prisión y se le ordenó pagar 10,000 dólares a las autoridades mexicanas por intentar contrabandear 136 kilos de pepino desde México hacia Estados Unidos en su camión en el puerto de entrada de Otay Mesa en noviembre de 2019. Los artículos noticiosos señalaron que el valor de los pepinos de mar que transportaba superaba los 60,000 dólares.
También resalta el caso de César Daleo, exagente de la Patrulla Fronteriza, que recibió sentencias simultáneas de 30 y 24 meses, respectivamente, por su papel en operaciones de contrabando de pepino de mar y fentanilo.
Daleo trabajó como agente fronterizo durante 11 años y se cree que era el líder de una red más grande, que estaba siendo investigada y vigilada por las autoridades. Entre 2014 y 2016, y al menos en 80 ocasiones, Daleo le pagó a otra persona para que pasara bolsas de pepino de mar seco desde México a Estados Unidos. Se calcula que los cargamentos estaban valorados en 250,000 dólares.
Mención aparte merece el caso de la familia Mayorquin. El 8 de marzo de 2018, David Mayorquin y Ramon Torres Mayorquin, dueños de la empresa llamada Blessings Inc., se declararon culpables de 26 cargos por importar ilegalmente más de 128 toneladas de pepinos de mar desde México con un valor estimado de 17.5 millones de dólares en los mercados del sudeste asiático.
Sin embargo, los Mayorquin no recibieron penas de cárcel, y solo tuvieron que pagar 973,490 dólares en multas, 237,879 dólares en bienes decomisados ​​y 40,000 dólares en restitución al Gobierno mexicano.
En la investigación académica liderada por Teale N. Phelps Bondaroff se afirma que una característica común en todos estos incidentes es «la discrepancia entre el valor de los bienes de contrabando y las multas y restituciones impuestas».
Como sucede con muchos delitos contra la vida silvestre, las multas y los castigos son inferiores al valor de la carga incautada, y son bajos en comparación con los castigos impuestos al contrabando de otros bienes ilícitos.
Morir por pescar

Para que la pesca de pepino de mar pueda reactivarse en la costa yucateca deben existir, al menos, 70 ejemplares por hectárea. Pero, pese a la veda, ese número aún no se ha alcanzado.
La intensa sobrexplotación también ha mermado la capacidad de reproducción de la especie lo que ha hecho que los investigadores académicos se dediquen a estudiar el proceso de fecundación en cautiverio con el fin de intentar repoblar los hábitats naturales del pepino de mar.
«Con el boom de la pesca los bancos de reproducción donde se donde se acumulaban todos los reproductores fueron diezmados, se redujo la capacidad reproductiva de la especie y actualmente es muy difícil encontrar buenos ejemplares», explica el profesor Miguel Ángel Olvera Novoa, responsable científico de la estación marina del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados en Yucatán.
A Olvera Novoa, y su equipo, les tomó 14 años lograr la reproducción asistida de esta especie. Sin embargo, todavía falta mucho por investigar.
«Nuestro principal objetivo es tratar de producir juveniles para restaurar las poblaciones y tratar de recuperar las especies que fueron sometidas a una explotación irracional», asevera el científico.
Otra consecuencia de la pesca desmedida es la notable escasez de ejemplares, lo que hace que quienes se dedican a la pesca deban bucear a grandes profundidades y en zonas menos exploradas.
Muchos de esos pescadores corren el riesgo de sufrir los efectos del síndrome de descompresión porque no están bien preparados o no tienen el equipamiento necesario para hacer las paradas obligatorias con el fin de adecuar el cuerpo a los cambios de presión que se experimentan al subir a la superficie.
«El pepino empezó a escasear y la gente empezó a lastimarse, algunos se desmayaban, otros venían con lesiones, se les dañaban las rodillas. Incluso algunos quedaron inválidos. En una temporada de 15-20 días había una muerte diaria, era muy feo», recuerda David Domínguez Cano.
De 2012 a 2014 se reportaron 468 heridos y 26 muertos por enfermedad descompresiva en la Península de Yucatán, entre 2014 y 2016 se registraron 166 casos y para 2021 solo se detectaron 10 casos, según los datos recopilados por la investigación de Phelps Bondaroff.
A pesar de la escasez, las vedas y los problemas de seguridad, para pescadores como Domínguez Cano el mar es su único destino. No conciben vivir sin navegar por la infinita gama de azules o sumergirse en las oscuridades abisales.
«Nosotros vivimos de esto y no lo vamos a acabar, pero a las personas que solo vienen para hacer dinero no les interesa mantenerlo. Hay que cuidarlo todo, ese es nuestro principal problema», dice mientras mira el océano infinito de Yucatán.

https://www.telemundo.com/noticias/noticias-telemundo/medio-ambiente/el-pepino-de-mar-se-puede-terminar-alertan-por-la-sobrexplotacion-pesq-rcna32558