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Ansiedad, vergüenza, alegrías, miedo y despidos: El personal docente y la pandemia

Tomado de: El Economista

A Lucía Colima le dejaron de pagar al segundo mes del cierre de escuelas y al tercero la despidieron. Dos años después sigue buscando trabajo como profesora. “Fue una época muy difícil, todo el 2020 fue muy complicado”, dice Jorge Gilberto Novelo. Y eso que él continuó dando clases y la modalidad en línea le permitió incluso impartir cátedra en otras entidades.
Tan pronto empezó la pandemia, el profesor y nutriólogo de 64 años se puso a estudiar para pasar las pruebas que el Instituto de Ciencias y Estudios Superiores de Tamaulipas (ICEST) le aplicó al personal docente en todos sus campus del país. “La universidad necesitaba saber si éramos capaces de dar clases por Internet”.
En el primer trimestre de 2020 la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) reportaba más de 1 millón 914,000 trabajadoras y trabajadores de la educación laborando y 244,355 estaban ausentes, pero con vínculo laboral. Para el tercer trimestre de ese año, la cifra de profesionales dando clase bajó a 1 millón 800,000 y casi 600,000 entraron en paro, pero manteniendo su trabajo. Sin embargo, más de 100,000 personas pudieron haber sido despedidas o dejaron de laborar y de ganar un salario.
Quienes siguieron trabajando enfrentaron otros retos. Han experimentado “inseguridad, frustración, ansiedad, aburrimiento, disgusto, vergüenza y miedo”, señala el estudio Las emociones negativas vividas por los maestros en las clases virtuales en tiempos de pandemia.
La investigación es de Iván Gavotto, de la Universidad de Sonora, y Lidia Castellanos, de la Universidad de Estudios Profesionales y de Posgrado. Ese conjunto de emociones es atribudo a los problemas didácticos, “la falta de dominio de los recursos tecnológicos y al déficit de habilidades sociales como escucha empática y comunicación asertiva”.
Tras esta pandemia, el sector educativo requiere una mayor inversión “en el bienestar, la formación, el desarrollo profesional y las condiciones de trabajo de los 71 millones de educadores que hay en el mundo”, apunta la ONU.
Contrastes en medio del caos

Jorge Novelo impartía clases en la Licenciatura en Enfermería en Campeche cuando el gobierno federal decretó el cierre de escuelas. En el ICEST “tuvimos que tomar un diplomado sobre la parte administrativa, tecnológica, la metodología de enseñanza en línea y la covid-19”, cuenta el profesor con más de 20 años de experiencia docente y clínica.
“Muchos compañeros se quedaron en el camino porque no cumplieron el programa. Y lo comprendo, la institución no se podía arriesgar a que el maestro no estuviera preparado”.
Él aprobó todos los exámenes, pero eso no borra el impacto que le generó “un cambio tan de golpe: comprar una computadora, aprender a usarla, volverte tu propio maestro, la incertidumbre de mantener el trabajo, cuidar tu vida y la de quienes te acompañan”.
En el primer año de la pandemia, incluso bien entrado el 2021, en las redes sociales se difundieron videos que mostraban a maestros y maestras en situaciones de estrés. Hubo quienes reaccionaron de manera violenta contra sus estudiantes y estudiantes que se burlaron por su falta de conocimientos digitales o que les apoyaron a manejar la tecnología.
Entre esos casos, el de un maestro quien luego de lidiar con la plataforma, al final de la sesión abrió un espacio para “ideas, sugerencias o reclamos”. Enseguida una alumna le respondió: “Nada más decirle que no se angustie, no se preocupe. Nosotros aquí le apoyamos y usted puede subir los videos a drive o como sea, que nos mande el link, y nosotros le ayudamos para ponerlo”. “Además está muy interesante y muy bonita su clase”, le dijo otro joven.
No se lo esperaba y les confesó: “Estaba al punto del llanto”. La clase terminó con voces que se interrumpían: “Gracias, doctor, por su dedicación”, “me gusta su clase”.
El profesor Jorge Novelo recuerda: “De pronto todo fue un caos y pensé que iba a dejar de dar clases. Pero, maravillosamente, viví algo diferente, al capacitarme se me abrió un abanico de oportunidades y comencé a impartir clases en línea para otros campus de la universidad en el norte del país”.
Los despidos en el sector

El 15% del personal docente de nivel medio y superior labora en la informalidad, según la ENOE. “Llevaba dos años en esa preparatoria, un año antes estuve en otro instituto. Me gradué como actuaria en 2017 y poco después me convertí en maestra, pero nunca he tenido contrato ni prestaciones”, dice Lucía Colima, de 29 años.
Para la última quincena de abril de 2020 ya no le pagaron. “Nos dijeron que tenían problemas administrativos por la pandemia, pero llegamos al final de mayo y nada. Junio y nada, para ese momento temíamos lo peor y así fue”. De una plantilla docente de 20 personas 10 fueron despedidas, no les dieron liquidación y sólo les pagaron las quincenas atrasadas.
“Sin contrato, en la pandemia, quién nos iba a hacer caso. Yo, al menos, opté por buscar qué iba a hacer”. En estos dos años ha dado asesorías en línea a estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria, trabajó como capturista de datos desde casa y ahora busca regresar a dar clases. “Me gusta mucho, pero ya me hablaron de un colegio. Espero quedarme”.

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