Cultura

Playas, desiertos y pueblos mágicos: así es Sonora, el segundo mayor estado de México

Tomado de: El Diario España

México es tan grande que a lo largo y ancho de su geografía ofrece prácticamente de todo. No en vano es el segundo país de habla hispana con mayor extensión del mundo, solo por detrás de Argentina. Y aunque tiene zonas altamente turísticas, hay otras no menos atractivas que pueden pasar desapercibidas si no nos detenemos en ellas, como Sonora.
Situado en el noroeste del país, Sonora tiene al oeste el Golfo de California, al este el estado de Chihuahua, al sur el de Sinaloa y al norte el de Arizona, ya en Estados Unidos. Su ubicación hace que cuente con una oferta cultural y natural rica y variada, plagada de pequeños pueblos con encanto, paisajes desérticos, playas paradisíacas y el verdor de la Sierra Madre Occidental. En su territorio conviven siete etnias originarias: los Pimas, los Cucapá, os Mayos, los Guarijíos, los Kikapú, los Yaquis, los ​​Pápagos y los Seris. Y cada una de ellas aporta una nota de color al carácter abierto y tradicional del estado. De modo que quien visita Sonora tiene ante sí una oferta tan amplia de alternativas, y tan auténticas todas, que un solo viaje se le quedará corto para conocer todo lo que tiene por descubrir.
Un destino de playas, desiertos y bosques
Sonora es el segundo estado más grande de México, en tamaño solo está por detrás de Chihuahua, y eso hace que cuente con una interesantísima variedad de ecosistemas que proporcionan atractivos para todos los gustos. Desde espectaculares playas para los que buscan relax entre la arena y el mar, hasta áridos desiertos y frondosos bosques para quienes llegan con sed de aventura.
Bahía de Kino esconde una de las playas más bonitas de todo el país, con arena blanca, aguas tranquilas y unas enormes dunas, las de San Nicolás, perfectas para la práctica del sandboarding. En su costa, además, el Mar de Cortés se muestra como una auténtica pecera para los amantes del buceo, hogar de cinco de las siete tortugas marinas que existen, y un verdadero paraíso para la práctica del submarinismo. Por su lado, la playa de Huatabampito llama la atención por sus aguas color turquesa y es buen lugar para avistar ballenas en los meses de invierno. Y San Carlos, entre playas y montañas, es sin duda una de las joyas turísticas de Sonora, con un mirador panorámico que ha sido catalogado como uno de los más bonitos del mundo.
Si buscas emociones más fuertes, ¿qué tal un desierto con corrientes de lavas negras y rojas? La Reserva de la Biosfera El Pinacate alberga más de mil especies de flora y fauna, es Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO y conserva vestigios arqueológicos que se remontan a más de 20.000 años atrás. El Museo y Centro de Visitantes Schuk Toak puede ser una buena puerta de entrada.
Si en vez del marrón del desierto lo que prefieres es el verde del bosque, el Área Natural Protegida de La Sierra de Álamos y Río Cuchujaqui cuenta con una variedad excepcional de flora y fauna. Un lugar idóneo además para los aficionados de la ornitología, pues no habrá que buscar mucho para encontrar especies como la guacamaya verde, la urraca copetona, la cotorra serrana, la cotorra guayabera, el perico frentiblanco, el carpintero guatemalense, el águila dorada, entre otras.
De Pueblos Mágicos: Álamos y Magdalena de Kino
Los Pueblos Mágicos de México son localidades elegidas por su historia, sus símbolos y sus leyendas. Lugares especialmente bonitos o en los que han tenido lugar acontecimientos trascendentales para el país, y que emanan identidad nacional en cada uno de sus rincones. Hay un total de 132 Pueblos Mágicos repartidos por todo el país y en Sorona hay dos: Álamos y Magdalena de Kino.
La población de Álamos es conocida como la “Ciudad de los Portales” por los bellos arcos que enmarcan su Plaza de Armas y sus calles. Un lugar que junto al Palacio Municipal y la parroquia de la Purísima Concepción forma parte de su patrimonio más representativo. En su día, fue construido en su mayor parte por arquitectos andaluces, por lo que la arquitectura colonial que rezuman sus calles y los patios de sus casas te transporta varios siglos atrás.
Magdalena de Kino es famoso por su patrimonio cultural, sus celebraciones religiosas y, también, por su cercanía a Estados Unidos. Fue fundado en el siglo XVII por el misionero jesuita Eusebio Francisco Kino, quien en cuyo honor se levantó el Museo Padre Kino, y cautiva a sus visitantes por sus plazas y calles empedradas. Merece mucho la pena entrar en el Palacio Municipal ya que en sus vitrinas y murales se ilustra la historia del municipio, así como acercarse a conocer las misiones fundadas por los frailes jesuitas en el siglo XVIII y las de los franciscanos construidas en el siglo XIX.
Y de una gastronomía para chuparse los dedos

Decir que México posee una de las gastronomías más ricas y sabrosas del mundo no es desvelar ningún secreto. Y cómo no, Sonora no se queda atrás. Presume de tener la mejor carne asada del país. Es el plato más popular en fiestas y se compone de carne de vacuno asada al carbón, con salsas mexicanas, frijoles y tortillas de harina. Junto a ella, el marisco también es protagonista en las mesas sonorenses, así como los perritos calientes ‘tropicalizados’, con ingredientes como frijol cocido, salsa mexicana, champiñones o guacamole. La machaca, el caldo de queso, la cecina, la carne con chile o las quesadillas también son típicas, pero no conoceríamos por completo la gastronomía de Sonora si no probásemos la bacanora, un destilado originario del municipio del que recibe el nombre y que se basa en el ágave, al igual que lo hacen la tequila y el mezcal.

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