Cultura

Arte Emergente: Alan Wong, Sonora, 1995

Tomado de: El Heraldo de México

Artista visual autodidacta con estudios en ciencias de salud y anatomía que marcaron su estilo. El artista proyecta los pensamientos más crudos y reales que percibe y los deja tomar nuevas formas, crecer y extenderse sin temor alguno, al mismo tiempo que reconoce la dualidad del bien y el mal que existe en los humanos. Su trabajo reconoce y celebra el ciclo de la vida y la muerte; sin miedo a la bella y cruda muerte.
Al mismo tiempo, su obra presenta la fragilidad y vulnerabilidad humana que ha permitido una evolución continua. Los conceptos utilizados en su obra son abstractos y poco claros, pero no menos válidos, sino todo lo contrario, los considera característica esencial para su proceso creativo y un reflejo de su movimiento constante y su propia existencia. Mientras el mundo a su alrededor trata de definirse y encasillarse, su arte manifiesta cambios constantes a un paso casi cotidiano.
Durante 2022 espera sus primeras exposiciones en México e Inglaterra.
¿Cómo definirías lo qué haces?
 Trato de reflejar la mortalidad y lo frágil que somos en este viaje. Enfocado en encontrar la belleza más rara, ésta que existe detrás del miedo y los sentimientos crudos que la gente no le gusta ver o escuchar.
Lo que hago es una identidad que no puedo definir, pero puedo ilustrar su cambio conforme va evolucionando conmigo. Mi arte lleva un mensaje que no pretende explicarse; sino de entenderse y eso es suficiente. Existir y entender que no somos dueños de nada.
¿Dónde encuentras tu inspiración?
Me inspira mi vida, el recordatorio de lo temporal que es todo. La rapidez del mundo que nos desprende de nosotros mismos; cuanto más rápido aceptemos nuestro destino mortal, empezaremos a vivir y no sólo sobrevivir. Veo inspiración en ese deseo tan viejo de la necesidad de conectar con algo divino, el querer darle cara a dios. Me influye la materia que no puedo ver ni medir, pero si sentir y reconocer.
¿Cómo describirías tu proceso artístico?
 Crear para mí es un proceso muy orgánico y natural, una necesidad, así como dormir y comer. Comienzo con un garabato sin miedo a la transformación, dejándolo fluir y que se convierta en lo que quiera. Nunca tengo idea de cuál será el resultado. Crear se trata de perder el control y rendirse completamente al proceso creativo. Siento que pienso en mis ideas más rápido de lo que mi pulso puedo moverse, por eso trabajo a un ritmo constante, sin pausas que me dejen dudar del proceso. Cada pieza es diferente, pero a la misma vez todas comparten la misma historia.

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